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26 de septiembre de 2011

TAUROMAQUIA

De Pepe Hillo a Frascuelo, Lagartijo y Belmonte, Manolete, Los Girón y Tomás, la lidia del toro ha sido parte del entretenimiento social en el que arte y lucha van de la mano.

Las tradiciones corren peligro en días de prohibición. Son objeto de análisis, así como de conductas y hábitos que han de ser mantenidos o rechazados según estimen oportuno quienes nos conducen hacia un mundo verdaderamente incierto.

La evolución del espectáculo taurino parece detenida en la autentica esencia de la lid, donde hombre y bestia dirimen la fuerza y la destreza, valentía y supervivencia. Esto es parte de la naturaleza de ambos.

Los argumentos antagónicos a esta suerte, forman parte de la historia en España. Más de nueve siglos han visto a esta raza bovina, supuesto descendiente del uro, (especie extinta, domesticada en la antigua Grecia y utilizada en los circos del Imperio Romano), evolucionar para ser definitivamente el perfecto combatiente.  Detractores a este ejercicio, adquieren notoriedad para conseguir una ley abolicionista en una comunidad taurina como es Catalunya.

Es un aprovechamiento en tiempos cambiantes. Hoy más que nunca, asociaciones proteccionistas hacia los animales reivindican su oposición a la fiesta nacional por la "humillación pública, sufrimiento y condena" del toro bravo, nacido y criado en semicautividad exclusivamente para su hora en el ruedo.

Podríamos pensar que si moviera las cantidades que mueve el fútbol, por ejemplo, tales asociaciones no serian escuchadas, pero la decadencia a la que se ve inmersa en los últimos años y con una afición minoritaria a la que las jóvenes generaciones no se unen, hará que ese extensísimo vocabulario de definiciones vaya desapareciendo.

Este documental narra el trato general del hombre hacia los animales (es duro pero real)