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3 de septiembre de 2012

Juan José Millás - El País 14 AGO 2012



Si lo hemos entendido bien, y no era fácil porque somos un poco bobos,

la economía financiera es a la economía real lo que el señor feudal al
siervo, lo que el amo al esclavo, lo que la metrópoli a la colonia, lo
que el capitalista manchesteriano al obrero sobreexplotado. La
economía financiera es el enemigo de clase de la economía real, con la
que juega como un cerdo occidental con el cuerpo de un niño en un
burdel asiático. Ese cerdo hijo de puta puede hacer, por ejemplo, que
tu producción de trigo se aprecie o se deprecie dos años antes de que
la hayas sembrado. En efecto, puede comprarte, y sin que tú te enteres
de la operación, una cosecha inexistente y vendérsela a un tercero que
se la venderá a un cuarto y este a un quinto y puede conseguir, según
sus intereses, que a lo largo de ese proceso delirante el precio de
ese trigo quimérico se dispare o se hunda sin que tú ganes más si
sube, aunque te irás a la mierda si baja. Si baja demasiado, quizá no
te compense sembrarlo, pero habrás quedado endeudado sin comerlo ni
beberlo para el resto de tu vida, quizá vayas a la cárcel o a la horca
por ello, depende de la zona geográfica en la que hayas caído, aunque
no hay ninguna segura. De eso trata la economía financiera.

Estamos hablando, para ejemplificar, de la cosecha de un individuo,
pero lo que el cerdo hijo de puta compra por lo general es un país
entero y a precio de risa, un país con todos sus ciudadanos dentro,
digamos que con gente real que se levanta realmente a las seis de
mañana y se acuesta de verdad a las doce de la noche. Un país que
desde la perspectiva del terrorista financiero no es más que un
tablero de juegos reunidos en el que un conjunto de Clicks de Famóbil
se mueve de un lado a otro como se mueven las fichas por el juego de
la Oca.

La primera operación que efectúa el terrorista financiero sobre su
víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca. Es
decir, la desprovee del carácter de persona, la cosifica. Una vez
convertida en cosa, importa poco si tiene hijos o padres, si se ha
levantado con unas décimas de fiebre, si se encuentra en un proceso de
divorcio o si no ha dormido porque está preparando unas oposiciones.
Nada de eso cuenta para la economía financiera ni para el terrorista
económico que acaba de colocar su dedo en el mapa, sobre un país,
este, da lo mismo, y dice "compro" o dice "vendo" con la impunidad con
la que el que juega al Monopoly compra o vende propiedades
inmobiliarias de mentira.

Cuando el terrorista financiero compra o vende, convierte en irreal el
trabajo genuino de miles o millones de personas que antes de ir al
tajo han dejado en una guardería estatal, donde todavía las haya, a
sus hijos, productos de consumo también, los hijos, de ese ejército de
cabrones protegidos por los gobiernos de medio mundo, pero
sobreprotegidos desde luego por esa cosa que venimos llamando Europa o Unión Europea o, en términos más simples, Alemania, a cuyas arcas se desvían hoy, ahora, en el momento mismo en el que usted lee estas líneas, miles de millones de euros que estaban en las nuestras.

Y se desvían no en un movimiento racional ni justo ni legítimo, se
desvían en un movimiento especulativo alentado por Merkel con la
complicidad de todos los gobiernos de la llamada zona euro. Usted y
yo, con nuestras décimas de fiebre, con nuestros hijos sin guardería o
sin trabajo, con nuestro padre enfermo y sin ayudas para la
dependencia, con nuestros sufrimientos morales o nuestros gozos
sentimentales, usted y yo ya hemos sido cosificados por Draghi, por
Lagarde, por Merkel, ya no poseemos las cualidades humanas que nos
hacen dignos de la empatía de nuestros congéneres. Ya somos mera
mercancía a la que se puede expulsar de la residencia de ancianos, del
hospital, de la escuela pública, hemos devenido en algo despreciable,
como ese pobre tipo al que el terrorista por antonomasia está a punto
de dar un tiro en la nuca en nombre de Dios o de la patria.

A usted y a mí nos están colocando en los bajos del tren una bomba
diaria llamada prima de riesgo, por ejemplo, o intereses a siete años,
en el nombre de la economía financiera. Vamos a reventón diario, a
masacre diaria y hay autores materiales de esa colocación y
responsables intelectuales de esas acciones terroristas que quedan
impunes entre otras cosas porque los terroristas se presentan a las
elecciones y hasta las ganan y porque hay detrás de ellos importantes
grupos mediáticos que dan legitimidad a los movimientos especulativos
de los que somos víctimas.

La economía financiera, si vamos entendiéndolo, significa que el que
te compró aquella cosecha inexistente era un cabrón con los papeles en
regla. ¿Tenías tú libertad para no vendérsela? De ninguna manera. Se
la habría comprado a tu vecino o al vecino de tu vecino. La actividad
principal de la economía financiera consiste en alterar el precio de
las cosas, delito prohibido cuando se da a pequeña escala, pero
alentado por las autoridades cuando sus magnitudes se salen de los
gráficos.

Aquí están alterando el precio de nuestras vidas cada día sin que
nadie le ponga remedio, es más, enviando a las fuerzas del orden
contra quienes tratan de hacerlo. Y vive Dios que las fuerzas del
orden se emplean a fondo en la protección de ese hijo de puta que le
vendió a usted, por medio de una estafa autorizada, un producto
financiero, es decir, un objeto irreal en el que usted invirtió a lo
mejor los ahorros reales de toda su vida. Le vendió humo el muy cerdo
amparado por las leyes del Estado que son ya las leyes de la economía
financiera, puesto que están a su servicio.

En la economía real, para que una lechuga nazca hay que sembrarla y
cuidarla y darle el tiempo preciso para que se desarrolle. Luego hay
que recolectarla, claro, y envasarla y distribuirla y facturarla a 30,
60 o 90 días. Una cantidad enorme de tiempo y de energías para obtener
unos céntimos, que dividirás con el Estado, a través de los impuestos,
para costear los servicios comunes que ahora nos están reduciendo
porque la economía financiera ha dado un traspié y hay que sacarla del
bache. La economía financiera no se conforma con la plusvalía del
capitalismo clásico, necesita también de nuestra sangre y en ello
está, por eso juega con nuestra sanidad pública y con nuestra
enseñanza y con nuestra justicia al modo en que un terrorista enfermo,
valga la redundancia, juega metiendo el cañón de su pistola por el
culo de su secuestrado.

Llevan ya cuatro años metiéndonos por el culo ese cañón. Y con la
complicidad de los nuestros.